Palantir

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En las obras de J.R.R.Tolkien, una Palantír (plural Palantiri), es una piedra esférica que sirve para ver acontecimientos o lugares distantes, o más frecuentemente, para comunicarse con el usuario de otra de ellas.

Su nombre es una palabra quenya (el idioma de los noldor) que significa "visión lejana". A menudo también son llamadas las piedras videntes.

 


Advertencia: Esta sección contiene detalles de la trama y el argumento de la obra.


 

Las palantiri eran rocas negras pulidas y esféricas en cuyo interior podían verse escenas de cosas que estaban ocurriendo en sitios lejanos e incluso en tiempos lejanos. El poseedor podía, si su voluntad era fuerte, dirigir la visión hacia algo de su preferencia, pero lo más usual era que cada piedra cobrara contacto con alguna otra. Con ellas podía mantenerse comunicación mental con los demás custodios.

Solían ponerse sobre un pedestal con una depresión para que no rodaran y se mantuvieran "orientadas", pues tenían "polos".

Las Palantiri fueron fabricadas por los Noldor en Eldamar (parece ser que por el mismo Fëanor) y regalaron siete a la Casa de Elendil, en Númenor. Se sabe que en Tol Eressëa se conservaba una octava piedra vidente (la piedra maestra) con la que Elendil mantenía comunicación con los elfos de las Tierras Imperecederas a través de la Palantir que se mantenía en las Colinas de las Torres, al occidente de la Comarca.

A la caída de Númenor, Elendil se las llevó a la Tierra Media y las repartió por todo su reino. La principal fue colocada en la Cúpula de las Estrellas de Osgiliath. Las otras fueron distribuidas en Minas Ithil, Minas Anor, Orthanac, Annúminas, Elostirion en las Colinas de las Torres y en la Torre de Amon Sûl.

Tras la muerte de Elendil, los Eldar tomaron de nuevo la que estaba en las Colinas de las Torres, donde permaneció durante toda la Tercera Edad, siempre mirando al Oeste. Después de la Guerra del anillo, esa piedra partió a bordo del navío blanco donde se embarcaron los Portadores de los anillos.

En el año 1409 de la Tercera Edad, la Torre de Amon Sûl fue destruida por Angmar, pero Arthedain recobró la Palantir y la llevó, junto con la de Annúminas, a Fornost. Cuando naufragó el rey Arvedui las piedras de Annúminas y Amon Sûl se perdieron para siempre en el mar.

En Gondor, la Palantír de Osgiliath se perdió en la Lucha entre Parientes, tras el ataque a la ciudad y se hundió en lo profundo del río Anduin. Cuando los Nazgûl tomaron Minas Ithil y la ciudadela se transformó en Minas Morgul, en el año 2002 de la Tercera Edad, la piedra que allí estaba fue llevada a Barad-dûr y pasó a estar controlada por Sauron. La consecuencia fue que se volvió peligroso hablar por las demás; sobre todo por la de Minas Anor (luego Minas Tirith), que era la más afín.

Al final de la Guerra del anillo se descubrió que Denethor II había enloquecido por usar esa Palantir y haber estado en contacto con Sauron, quien le había hecho perder toda esperanza de salvar a su reino, mostrándole imágenes de su propio poderío y de la ruina de los pueblos del Oeste. También Saruman, cuando se volvió malvado, usó la piedra de Orthanac para mantener comunicación con el Señor Oscuro.

Al final de la guerra sólo quedaban las piedras de Orthanac y Minas Tirith, que pasaron a manos del Rey Elessar; pero sólo la de Orthanc servía, pues la otra quedó inservible al mostrar permanentemente un par de manos calcinándose, consecuencia de la pira de fuego en la que Denethor, en su locura, se suicidó, apretando la Palantír contra sí.

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