Trífido

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Planta que tiene una gran importancia en la novela El día de los trífidos (1951) de John Wyndham.

El trífido es el resultado de una serie de ingeniosos cruzamientos biológicos, en su mayor parte posiblemente accidentales, para conseguir fuentes de alimento que acaben con la escasez de los mismos en la época de la novela.

La primera estación experimental de trífidos se encontraba en el distrito de Elovks en Kamchatka.

Posee un tallo cilíndrico, recto y rugoso, con hojas correosas, que acaba en una ramitas en la parte alta y un enroscado extremo del tallo. Termina en una curiosa formación en forma de embudo y en el interior del cáliz y su enroscado verticilo existe algo similar a una hoja nueva y enrollada de un helecho que sobresale unos veinticinco centímetros de la masa pegajosa que llena el fondo. la especie es carnívora y las moscas y los otros insectos que caen en el cáliz son digeridos por aquella substancia pegajosa.

Dibujo de Trífido
Dibujo de Trífido

El enroscado extremo del tallo, acaba en un agijón con veneno y puede estirarse hasta alcanzar una longitud de tres metros y descargar además bastante veneno como para matar a un hombre si llegaba a tocarle la piel. Si el trífido pierde el aguijón pasan por lo menos dos años antes que el perdido aguijón vuelva crecer.

Un trífido de un año de edad alcanza el metro de altura, siendo la altura común de un ejemplar adulto de unos dos metros.

Poco después se descubrió que los trífidos pueden caminar sobre sus raíces. Cuando la planta «camina» parece un hombre con muletas. Dos de las delgadas «piernas» se mueven hacia adelante, y la planta se balancea hasta que la rama trasera alcanza casi a las otras dos. Estas vuelven entonces a adelantarse. Con cada paso el largo tallo se sucede violentamente hacia adelante y hacia atrás. Se desplaza con la velocidad del paso común.

Estas plantas son increíblemente sensibles a cualquier movimiento, y muy pocas veces se las sorprende descuidadas.

Se adaptan fácilmente a muy diversos suelos y climas. No tienen enemigos naturales...salvo los seres humanos.

Se tardó un tiempo en descubrir la increíble exactitud con que lanzan sus aguijonazos, y el hecho de que invariablemente dan en la cabeza. Nadie al principio notó tampoco que tenían la costumbre de quedarse un tiempo junto a sus víctimas. El motivo se aclaró totalmente cuando quedó demostrado que se alimentaban tanto de carne como de insectos. El venenoso aguijón no tiene bastante fuerza como para desgarrar un cuerpo de carnes firmes, pero si para arrancar trozos de carne descompuesta y llevarlos hasta el cáliz.

Existe la teoría de que las tres ramitas sin hojas que nacían en la parte alta del tronco, al chocar contra el tronco, les sirven a los trífidos para comunicarse.

Todos estos datos hace suponer que hay en ellos cierta inteligencia. Esa inteligencia no puede asentarse en un cerebro, pues la disección no muestra nada parecido a un cerebro. Pero eso no prueba que no haya algo que haga las funciones de ese órgano.

Se reproducen por semillas.El momento en que los trífidos esparcían su semilla es algo digno de verse. La vaina verde oscura de la base del cáliz adquiere un brillante color y llega a tener el tamaño de una manzana. Al estallar, el ruido puede oírse desde una distancia de veinte metros. Las semillas blancas se elevan en el aire como una nube de vapor, y basta la brisa más ligera para que se alejasen flotando. Con este mecanismo consiguen reproducirse a muy grandes distancias, incluso atravesando mares y desiertos.

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